Hace escasamente un mes la Comisión Europea (CE) publicó una serie de indicadores elaborados con el fin de mostrar de manera sintetizada y rápida los principales desequilibrios que muestran los países de la Unión Europea (UE).
El primer indicador que me propongo a analizar a continuación es la tasa de variación de los costes laborales unitarios (CLU) para periodos de 3 años. El CLU se calcula a partir del ratio entre coste laboral por asalariado y la productividad del factor trabajo, es decir, mide el coste promedio de la mano de obra por unidad de producto. Tradicionalmente el uso de este indicador ha sido utilizado para comparar la competitividad entre países, ya que unos costes laborales por unidad producida muy altos indican que las empresas están en desventaja con respecto a la estructura de costes de empresas de otros países. Es un indicador ampliamente utilizado que en conclusión permite medir de forma directa la relación entre los costes y la productividad. Pero la CE no utiliza directamente el CLU sino que lo calcula como la variación porcentual, por un periodo de 3 años, de la relación entre la remuneración nominal por asalariado y el PIB real por persona empleada. Estos datos son extraídos por la CE a partir de las estadisticas publicadas por Eurostat sobre la remuneración por asalariado nominal, PIB y empleo. Concretamente la formulada empleada es la siguiente:
El utilizar un periodo de 3 años para calcular la tasa de crecimiento, sirve para evitar el comportamiento cíclico del indicador y mantener una mejor relación con la competitividad que si se recurriera a medir las variaciones porcentuales año a año. Para conocer el límite máximo de crecimiento, la Comisión Europea fijó como umbral el valor correspondiente al curtil superior de la distribución estadística sobre la muestra de países de la zona euro, situándose esta cifra en el 9%. Para los países de la UE no pertenecientes a la zona del euro, se fijó un umbral del 12%, que se obtiene simplemente de la adición de 3 puntos porcentuales al umbral de la zona del euro. Esta diferenciación se justifica por el hecho de que la mayoría de los países de la zona del euro han experimentado una importante liberalización del comercio con la integración en una única moneda, (realmente en el período que va desde 1995 hasta la actualidad, ya que es a partir de ese momento cuando se empieza el proceso de integración) lo que hace que los precios del factor trabajo tiendan hacia los niveles de precios de sus socios comerciales.
Alcanzado este punto podríamos preguntarnos cuál es la situación en España. Pues como se puede observar en el gráfico inferior, si partimos del 1999 correspondiente a la integración en la UEM, se observa como durante varios años, la variación porcentual de los CLU respecto a los 3 años inmediatamente anteriores , ha estado cerca del 9% considerado como umbral máximo del indicador en la zona Euro .
Tradicionalmente en España la variación en los CLU se ha situado muy por encima del 12% asociado a los países no pertenecientes a la UE . El exceso en la variación en los CLU se vio corregido con el inicio de la integración en la UEM fijándose los tipos de cambio entre los países pertenecientes en 1999. Este hecho forzaba a España a una reducción de costes laborales como única vía para mejorar su competitividad. Desde ese momento España se ha situado en torno al 9% de umbral exigido aunque se ve ampliamente rebasado en los años finales de auge de la economía. A partir de 2009 se produce una caída en picado de los CLU llegando incluso a tasas de crecimiento negativas. Estos últimos años que aparecen en el gráfico (2011 a 2013) son previsiones realizadas por la comisión ya que no se poseen datos para esos años de CLU, aunque vista la tendencia que están siguiendo el número de asalariados y la productividad, parece que se acercarán bastante a esos valores.


