24
mar 12

Indicadores sobre los desequilibrios dentro de la UE (Comisión Europea): Los Costes Laborales Unitarios

Hace escasamente un mes la Comisión Europea (CE) publicó una serie de indicadores elaborados con el fin de mostrar de manera sintetizada y rápida los principales desequilibrios que muestran los países de la Unión Europea (UE).

El primer indicador que me propongo a analizar a continuación es la tasa de variación de los costes laborales unitarios (CLU) para periodos de 3 años. El CLU se calcula a partir del ratio entre coste laboral por asalariado y la productividad del factor trabajo, es decir, mide el coste promedio de la mano de obra por unidad de producto.  Tradicionalmente el uso de este indicador  ha sido utilizado para comparar la competitividad entre países, ya que unos costes laborales por unidad producida muy altos indican que las empresas están en desventaja con respecto a la estructura de costes de empresas de otros países. Es un indicador ampliamente utilizado que en conclusión permite medir de forma directa la relación entre los costes y la productividad. Pero la CE no utiliza directamente el CLU sino que lo calcula como la variación porcentual, por un periodo de 3 años, de la relación entre la remuneración nominal por asalariado y el PIB real por persona empleada. Estos datos son extraídos por la CE a partir de las estadisticas publicadas por Eurostat sobre la remuneración por asalariado nominal, PIB y empleo. Concretamente la formulada empleada es la siguiente:

El utilizar un periodo de 3 años para calcular la tasa de crecimiento, sirve para evitar el comportamiento cíclico del indicador y mantener una mejor relación con la competitividad que si se recurriera a medir las variaciones porcentuales año a año. Para conocer el límite máximo de crecimiento, la Comisión Europea fijó como umbral el valor correspondiente al curtil superior de la distribución estadística sobre la muestra de países de la zona euro, situándose esta cifra en el 9%. Para los países de la UE no pertenecientes a la zona del euro, se fijó un umbral del 12%, que se obtiene simplemente de la adición de 3 puntos porcentuales al umbral de la zona del euro. Esta diferenciación se justifica por el hecho de que la mayoría de los países de la zona del euro han experimentado una importante liberalización del comercio con la integración en una única moneda, (realmente en el período  que  va desde 1995 hasta  la actualidad, ya que es a partir de ese momento cuando se empieza el proceso de integración) lo que hace que los precios del factor trabajo tiendan hacia los niveles de precios de sus socios comerciales.

Alcanzado este punto podríamos preguntarnos cuál es la situación en España. Pues como se puede observar en el gráfico inferior, si partimos del 1999 correspondiente a la integración en la UEM, se observa como durante  varios años, la variación porcentual de los  CLU  respecto a  los 3 años  inmediatamente  anteriores , ha  estado  cerca del 9%  considerado  como  umbral  máximo del indicador  en  la zona Euro .

 

Tradicionalmente en España la variación en los CLU se ha situado muy por encima del  12% asociado a los  países  no pertenecientes a la  UE . El exceso en la variación en los CLU se vio corregido con el inicio de la integración en la UEM fijándose los tipos de cambio entre los países pertenecientes en 1999. Este hecho forzaba a  España a una reducción de  costes laborales  como  única vía para mejorar  su competitividad. Desde ese momento España se ha situado en torno al 9% de umbral exigido aunque se ve ampliamente rebasado en los años finales de auge de la economía. A partir de 2009 se produce una caída en picado de los CLU llegando incluso a tasas de crecimiento negativas. Estos últimos años que aparecen en el gráfico (2011 a 2013) son previsiones realizadas por la comisión ya que no se poseen datos para esos años de CLU, aunque vista la tendencia que están siguiendo el número de asalariados y la productividad, parece que se acercarán bastante a esos valores.


05
mar 12

El Dry Baltic Index y su uso como indicador económico

El Dry Baltic Index es un índice que recoge la media de los precios a los que se embarcan las materias primas. Representa, por tanto, el coste pagado por los compradores a las navieras que transportan esas materias primas. Estos contratos cotizan en el Baltic Exchange, que es más un mercado londinense donde compradores y vendedores negocian contratos y futuros de transporte marítimo de carga seca (se excluyen materias primas como petróleo, gas, etc.). Este mercado fue fundado hace más de 250 años en una taberna de Londres, y es propiedad de los mismos operadores.

El Dry Baltic Index (BDI) es un reflejo de los movimientos mundiales de materias primas como acero, cemento, hierro o carbón. Los precios de los contratos se establecen en el mencionado Baltic Exchange, y para su formación se tienen en cuenta 20 rutas marítimas diferentes. También se consideran los diferentes tamaños de barcos mercantes, sin ánimo de entrar aquí a hacer un análisis detallado del complejo mundo marítimo decir que los tamaños y tonelajes siguen una serie de estándares como el Panamax, que está hecho para adaptarse a la máxima capacidad del canal de Panamá, o las clases Handymax que tiene diferentes categorías de tonelaje máximo para adaptarse a las necesidades de los mercados.

¿Por qué es importante este índice?

Es fácil darse cuenta que en un mundo tan globalizado como el actual, y teniendo en cuenta que las materias primas y los grandes centros manufactureros no están geográficamente cerca, el comercio de las materias primas no energéticas, tan básicas para la industria pesada como el acero o el carbón, es un buen indicador de la situación económica mundial. Aunque más que de la situación actual, de las expectativas sobre la producción industrial, por tanto se trata de uno de los indicadores más útiles para predecir dicha producción industrial, así como la inversión.

Al contrario que los mercados de materias primas, el BDI tiene un sesgo muy poco especulativo. Comprar materias primas secas es muy atractivo para inversores en momentos de incertidumbre ya que pueden almacenarse, al contrario que los productos agrícolas, durante mucho tiempo; en cambio el BDI recoge los precios de los contratos reales que se van a llevar a cabo, es, por tanto, mucho más fácil dar sentido económico a las fluctuaciones de los precios de este mercado que en otros como los de alimentos o los monetarios. Nadie contrata un barco si no tiene nada que llevar en él.

El aumento de la oferta de barcos es caro y largo (cuesta mucho tiempo y dinero construir barcos) y las cuestiones relacionadas con la oferta de materias primas no es especialmente relevante, es decir, es la demanda la que marca la marcha del BDI, y al ser la demanda la propia industria pesada, podemos conocer el estado de la misma por el número de contratos firmados, y como en todo mercado, a más contratos, más coste por lo que aumentará este índice. Asimismo se puede predecir, hasta cierto punto, el comportamiento último de los precios finales de las manufacturas, aunque los costes de transporte no tenga un peso importante en el producto final, si que es cierto que si se transporta mucho es porque hay mucha demanda, por tanto es probable que se produzcan subidas en los precios de los productos finales.

La relevancia de este índice hoy.

Como vemos en el gráfico el BDI ha alcanzado un mínimo a principios de de febrero de este año, es más, no solo fue una caída continuada de un 68% sino que es el valor más bajo desde 1986, aun más bajo que en 2009 cuando parecía que el mundo capitalista se iba a acabar. Desde esos mínimos ha subido un poco, aun así lleva un descenso acumulado de 55,64% en lo que va de año.

Fuente: Bloomberg

Tal y como describe Daniel Lacalle en su post de hace unas semanas, a la debilidad en Europa y la ligera desaceleración china se le unen los problemas de producción en Australia pero, sobretodo, la sobreproducción de barcos en periodos de auge y que ahora no son demandados, en concreto, a pesar de que el comercio de estas materias primas bajó un 3% la oferta de transporte ha aumentado un 12% en el periodo 2008-2012.

Más información en Dry Baltic Exchange